Ignacio Manuel Altamirano nació en Tixtla el 13 de noviembre de 1834. Sus padres, indígenas del lugar, fueron don Francisco Altamirano y doña Juana Gertrudis Basilio. En su fe bautismal, del 13 de diciembre del mismo año, se asentó: “En esta Yglesia Parroquial cabecera de partido de esta ciudad de S. Martín Tixtla, a trece de diciembre de mil ochocientos treinta y quatro, yo D. Antonio Reyes cura párroco de esta feligresía bauticé solemnemente, puse óleo y crisma a Ygnacio Homobono Serapio de un día de nacido”.
Cuando Altamirano nació, el país contaba con escasos 13 años de vida independiente, la economía se había estancado a consecuencia de la guerra de Independencia y el general Antonio López de Santa Anna anulaba las reformas liberales impulsadas por Valentín Gómez Farías, cuyo propósito era superar el pasado colonial. Altamirano ingresó a la escuela de su tierra natal el 2 de enero de 1842; ya había cumplido ocho años de edad. Las diferencias sociales de la época se reproducían en la escuela. Altamirano pertenecía al grupo de los indios, pero pronto fue colocado entre los niños de razón, debido a que su padre se desempeñaba como alcalde de indios, y el maestro Cayetano de la Vega accedió a atender el favor solicitado por la referida autoridad para que su hijo mejorara su posición en la escuela. Al pasar al grupo de los alumnos de razón, Altamirano aprendió a leer y a conocer de mejor manera el castellano; pronto el inquieto muchacho brilló por su inteligencia y se convirtió en el alumno más aventajado del plantel. Durante el primer año fue el mejor alumno en literatura y escritura; en el segundo, obtuvo el primer lugar en doctrina cristiana y aritmética. En los años siguientes se distinguió como alumno sobresaliente.